miércoles, 9 de mayo de 2007

Historias del más allá

Por Ricardo de la Fuente

Aparecidos.
Duendes.
Fantasmas.
Bultos que se menean.
Muertos que no se terminaron de morir y que andan por ahí, hechos sombras leves, formas luminosas, retratos ambulantes que meten miedo a los vivos...
¿Cree usted en todas esas cosas?. ¿Creemos?
Oficialmente, de la boca para afuera, decimos que no. Que son supercherías, ingenuidades, terrores personales que se nos escapan por los ojos, por los oídos, el subconsciente de cada quien, que a veces hace ver cosas que no son.
¡Hombre!... ¡qué vas a creer en esas tonterías!.
Pero de pronto, una charla cualquiera deriva hacia el tema de lo inexplicable y ahí estamos, prendidos de la conversación, fascinados con el relato, con un escalofrío en el espinazo y dispuestos a escuchar lo que nos cuenten, por fantástico que pueda parecer. ¿Quién no ha estado en el campo, terminada la cena, a la luz de los candiles, oyendo contar historias extraordinarias que la gente jura haber vivido en carne propia?.
Personalmente, nunca he visto fantasmas, apariciones ni platos voladores, pero he conversado con infinidad de personas que dicen haber visto, entre ellas mi ex – mujer, una persona tan incrédula que no creía ni en su marido.

El fantasma del Chusig

Un buen día, hace ya unos cuantos años, daba sus clases en el teatro Chusig cuando, al entrar a la sala, sobre el escenario, estaba con las luces encendidas, vio pasar a alguien que caminaba con aire distraído, como buscando algo.
- Oiga, ¿quién es el hombre que está adentro y qué hace allí?, le preguntó al guardián.
El hombre se sorprendió.
- Nadie, señora. Adentro no hay nadie.
- ¡Pero si acabo de verlo..!. Está vestido así y asado.
- Le repito: no ha entrado nadie. Si usted vio a alguien, ha de ser el muertito.
- ¿El quién?. ¿Qué muertito?

El guardián contó entonces la breve historia del joven albañil que murió ahogado en la cisterna, cuando el teatro estaba siendo construido, y que según muchos testimonios, se quedó para siempre entre camerinos y bambalinas.

- Pero no se preocupe, señora. Ese muertito es tranquilo, no hace nada, dijo el guardián, como si estuviera recomendando a un viejo amigo o presentando al perro de la casa ante las visitas.

Moraleja: nosotros también tenemos nuestro “fantasma de la Opera”...

Otro caso extraño
La única vez que, como periodista, me tocó acercarme a una historia fantástica e incomprensible fue en un barrio de Manta. El escenario, un gran patio de maquinarias (de la familia Coello) donde vivía un guardián en compañía de sus dos hijos menores, porque la madre les había abandonado a los tres. Una noche, los niños dormían en el cuarto paterno y el padre charlaba con un hijo mayor que al día siguiente regresaría al exterior, donde estaba residiendo, cuando en la casa comenzaron a suceder cosas anormales. Hubo viento interno, luces enloquecidas, voces y llanto de los niños, despertados de pronto. Padre e hijo corrieron a ver qué sucedía y no pudieron entrar al cuarto, porque la cama parecía bailar, con los niños aterrorizados encima. En el momento culminante del “ataque”, un potente mierdazo, un excremento grande y pestilente salido no se sabe de donde, se estrelló contra el piso. Los moradores buscaron auxilio en la iglesia del Divino Niño y al día siguiente hubo que rogar al hombre para que se animara a regresar a la casa y nos mostrara el manchón negro y la materia calcinada que había quedado de lo que el dueño de casa había sacado para quemar en el patio. El padre Roque Bisogni nos dio otro dato revelador: cuando abrazó a los niños para calmarlos, porque habían llegado presos de la histeria, recibió una descarga eléctrica. ¿Creer o no creer?

Una casa embrujada

En Montecristi, junto a la estación de servicios Biralisa, hay una casa-quinta que por muchos años permaneció abandonada, hasta que la adquirieron los propietarios de la gasolinera. Como la propiedad es grande y espaciosa, se intentó utilizarla como vivienda temporal de técnicos y trabajadores, pero uno a uno, fueron desertando tras pasar dos o tres inquietantes noches en la casona. ¿La causa?. Ruidos, figuras imprecisas deambulando de aquí para allá, sueños intranquilos, quejidos inexplicables... en fin, todo lo que dicen que se siente en una casa cuando “es pesada”, cuando está habitada por los de carne y hueso y también por los otros, por los que están hechos de brumas lechosas y se empeñan en abrir o cerrar puertas sin tocarlas.
Consecuencia: la casa sirve hoy como bodega, porque nadie se atreve a dormir en ella, aunque vengan proclamando ser los más machos del planeta, ni porque se trate de esos evangelistas recalcitrantes que usan a la Biblia como almohada...

Hotel de sustos

Y no sólo casas y teatros... hasta un moderno hotel de Manta, de varios pisos, parece estar habitado por seres del más allá, según testimonios coincidentes de quienes han sido sus fugaces huéspedes. No hay cómo decir el nombre del establecimiento por obvias razones, pero es un hospedaje que no está en el centro.
Una noche durmieron allí – o trataron de hacerlo – varios personajes de la farándula, que trabajaban en una producción fílmica. Al día siguiente, el director contó que había conversado con una mujer joven que apareció sentada junto a su cama, al despertarse él sobresaltado en medio de la noche, y coincidentemente otros integrantes del grupo narraron que habían oído voces, carreras por los pasillos, luces intensas que se filtraban bajo las puertas y otras anormalidades por el estilo, que nada tenían que ver con amantes furtivos ni equivocaciones de cuarto, sino más bien con situaciones misteriosas de aquellas que no dejan dormir en paz. Cuando comentaron la circunstancia a la recepcionista, dijo que con anteriormente, otros huéspedes se habían quejado por lo mismo.

Y por si algo faltaba...

Finalmente, y como para cerrar este espacio destinado al horror, una historia digna de “El exorcista”, aquella película de Linda Blair que, cuando la vi, poco después del estreno, casi me hizo ir a dormir con el Obispo de la Diócesis.
Bromas aparte, hay que decir que una prominente y conocida familia de Manta vivió una situación bastante similar a la de la película de marras, cuando una hija que vive en el exterior (en este caso no una niña, sino una dama casada y con hijos) fue aparentemente poseída por un espíritu maligno luego de participar en una sesión de “Ouija”. En este caso, la mujer cayó aparentemente enferma y fue deteriorándose con el tiempo, presentando además extraños signos, como hablar en una lengua desconocida, cambiar de voz, alzar objetos pesadísimos, oler bastante mal y otros síntomas truculentos y alarmantes.
La familia, justamente preocupada, acudió a especialistas hasta que al final, cuando se reveló que el problema no era de ciencia médica, sino cosa de hechiceros, convocó a un santón venezolano que la sometió a largos rituales, que incluyeron un viaje al campo, donde la protagonista y sus acompañantes, habrían asistido a un encuentro de personas afectadas con síndromes parecidos.
La cura tardó en llegar y cuando por fin la mujer volvió en sí y recuperó todas sus perdidas facultades, había transcurrido casi un año, de cuyas pesadillescas vivencias, la exorcizada no recordaba absolutamente nada.
¿Creer o no creer?.

Las brujas no existen, Garay, pero que las hay, las hay...
Si les interesa el tema, esta revista puede investigar y ampliar cada uno de estos episodios y otros que probablemente aparecerán por el camino.

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Dependiendo de la respuesta de nuestros lectores, ofreceremos más de estas... Historias... del más allá...

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